domingo, 13 de marzo de 2011

Necesidades

Realmente todo comenzó un domingo por la mañana, cuando realmente me puse a pensar en como ganar un poco de dinero para poder comprar lo que yo verdaderamente quisiera sin depender de mis padres. Recordé también que en algún momento dado, Martín, un chico bastante viejo que conocí en la secundaria mencionó en alguna de nuestras platicas por las tardes que si en determinado momento necesitaba un poco de efectivo, él podía conseguirme un trabajo bastante sencillo y bien pagado. Pero no acepte en ese momento puesto que no tenia necesidad de hacerlo.


De cualquier manera, ahora si lo necesitaba así que busque su numero entre mis papeles viejos y extrañamente lo encontré, la causa es que no recuerdo haberle pedido su numero en ningún momento.


Nos quedamos de ver en la taquería "el güero" la cual sé encontraba cerca de la que alguna vez fue mí escuela. Casi nunca había gente, ya fuese sus altos precios o lo más probable sean que aquellos tacos tenían la mala fama de ser hechos con carne de perro. Pero eso nunca nos impidió en comernos un par cuando el hambre era bastante.


-¡Vaya May!, hace tiempo que no veías a los pobres-
- ¿Pobre? ¿tú? ¿No te estarás confundiendo con otra persona? - respondiendo con un tono más sarcástico de lo normal - No lo creas, solo que la escuela es demasiado absorbente


- Ja ja ja, que cosas, tú y tu extraño sentido del humor - respondía igualmente con un tono un poco más que simple sarcasmo -

Un rato después, pedimos unos tacos y un refresco para cada quien, y empecé a hablar de lo que realmente necesitaba de él, sobre todo porque él era fanático de esos tacos y no le podía a negar nada a nadie con el buen humor que le daban al comerlos, aunque claro parecería que desconocía de los rumores acerca de los perros del lugar.


Resumiendo aquella tarde aceptó a darme un trabajo de repartidor para su compañía de procesamiento de basura y empezaría a trabajar al siguiente día, aunque no entendí su advertencia de que aquel trabajo podía resultar peligroso.


Así pasaron muchos días recogiendo y llevando paquetes a diferentes sitios de la ciudad, hasta presumiría que conozco toda la metrópoli como la palma de mí mano. Lo unico malo de todo eso es que ya no había tiempo como para ir a la escuela. La peor desventaja no era esa sino que rara vez me pagaban.


Unos meses después me desespere de aquella situación y le exigí a Martín saldar la deuda que tenia conmigo. Mas alego que no tenia absolutamente nada de dinero, pero si de verdad lo necesitaba, que esperara a la próxima semana.
Y así lo hice, espere otros malditos siete días para ver si me pagaban lo que por mí propio esfuerzo había ganado. Pero la misma situación se repitió


Harto de ser utlizado por Martín, puesto que me entere por unos amigos que el unico trabajo que hacía supuestamente era el que me habían otorgado, por ende él se quedaba con la paga y yo con un palmo de narices.


Con real sed de venganza, nadie que tuviera menos sesos que yo sé aprovecharía de mí, decidí saber que contenían tales paquetes, aunque me hubiesen pedido nunca abrirlos por mucha la curiosidad invadida en mí.
Para ser francos, no me sorprendía para nada el contenido de aquellos sobres, para no caer en sobre entendimientos no era nada legal.
Afortunadamente, decidí ir con otro de mis amigos, Eduard, como sé hacía llamar por cierta película de vampiros. Recordé de él que su padre, Roberto era judicial, un raro espécimen dentro de ese lugar, su única motivación era encerrar realmente a los chicos malos.


Le platique toda mí situación, él incrédulo ante mis palabras tuve que mostrarle el contenido de uno de los paquetes


- Chico, parece ser que tienes razón - mostrando en su rostro un ligero tono de tristeza - es demasiado, ¿cuántos de esos paquetes has llevado?
- Para serle sincero, perdí la cuenta después de la tercera semana


- Esta bien, dime ¿dónde sé reúnen normalmente?


Luego de darle santo y seña del lugar, estaba feliz de que por fin tuviera un poco de tranquilidad en mí alma. Pero no duraría para siempre.


Exactamente un día después de que me prometio el Sr. Roberto para hacer el operativo, sé escucha un horrible estruendo en la puerta de mí casa. Entraron aproximadamente unos veinte uniformados, todos con chalecos antibalas, deambulando de aquí para allá destrozando todo a su paso. Afortunadamente nadie más estaba en casa además de mí.


Al final creo pude reconocer al padre de Eduard, supongo que al final no era el espécimen tan raro que sé adjudicaba ser. Ahora, después de un juicio trucado y de ser encerrado sin ninguna prueba real, paso mis días encerrado en la correccional juvenil de Tlalpan. Agradezco en cierta forma a dios puesto que todavía soy menor de edad y no me enviaron a las islas María.


Pero créanme, cuando salga, buscaré a Martín, sé perfectamente que esta detrás de todo esto. O al menos eso espero hacer al salir.

Bueno, espero que al menos lo hayan leído completamente, esto creo pasa todos los días en muchos países, creo obviamente que también en el mio. De todas formas no se si es entendible  el texto o si hay palabras desconocidas no duden mandar un comentario para al menos buscarlo en la RAE.


Pd: Me he dado cuenta de que en el blog aparecen los clásicos anuncios publicitarios, mil disculpas realmente yo no gano ni un centavo con esa publicidad, parece ser que es del contador en la pagina, nuevamente ofrezco una disculpa por la estorbosa publicidad 

No lo encuentras?, deberías de buscar por aquí