jueves, 8 de abril de 2010

La vejez y los vampiros


Hace tiempo que no hay nada por aquí, pero en fin la escuela mata pero no importa, hoy a 8 de Abril y siendo que no tendré tiempo suficiente para celebrar otro cumpleaños de mi amiga la cual propicio este blog y que por cierto, nunca ha hecho un simple comentt  pero en fin que puede hacer ante eso un pseudo escritor como yo. Pero ya que después de todo su fascinación hacia los míticos seres quienes son protagonistas del siguiente texto de seguro les agradara, claro si comparten mi opinión acerca de esto llamado "moda" 


El hombre lobo tiene al menos una virtud, la de la incorrección política. En tiempos del calentamiento global y –peor todavía– de Avatar, es la única criatura que se atreve a recordarnos que la naturaleza no es dulce, armónica y ñoñamente humana, sino incómoda, aguerrida y amoral. Esa cualidad, si no otra, es bien visible en la reciente adaptación de Joe Johnston, la de Anthony Hopkins y Benicio del Toro.
El vampiro, en cambio, clama por la jubilación. Ya sé que los críticos se me van a tirar a la yugular, con eso de que los mitos no nacen ni mueren, sólo se transforman, o con aquello de que los gringos están descerebrados, pero hay una película sueca brillantísima (no la vi, pero el escritor Alberto Chimal la recomienda y le creo). El hecho es que, al margen de estos cantos del cisne escandinavos, con los vampiros lo que se percibe es desesperación por exprimir unos millones más a los agotados hijos de la noche. La prueba es que a últimas fechas se han convertido en iconos adolescentes, y ya se sabe que donde empieza la adolescencia, con la inevitable trivialidad de sus conflictos, termina la civilización.
La decadencia de Drácula y sus herederos es larga. Sobre el entendido de que los tradicionales aristócratas de los infiernos –ya se sabe: pálidos, con acento británico, anémicos– tienen poco que comunicarle a la época proletaria-burguesa que nos tocó en suerte, hecha de jeans y comida chatarra, Polanski los convirtió en parodia, con La danza de los vampiros, de 1967; Joel Schumacher en delincuentes juveniles, con Los muchachos perdidos, de 1987 (a Kiefer Sutherland aún no se le botaba la panza); el irlandés Neil Jordan, otras veces talentoso –véanse En compañía de lobos, ya que hablábamos de licantropía y naturaleza–, en una aburrida cuadrilla de drag queens ultrarrefinados, esto en la famosa Entrevista con el vampiro, de 1994; y Stephen Norrington, con Blade, en una suerte de modelos de ropa interior que están provistos de colmillos, son aficionados a raves donde ofrecen hemoglobina en vez de tachas –la peli es de 1998– y se ven perseguidos por Wesley Snipes, un mestizo de humano y vampiro al que, más terrenalmente, sólo pudo derrotar el fisco, por sus veleidades evasoras.
¿Qué nos queda? O vampiros de a pie que estudian high school entre amores atormentados, perspectivas de bullying y comida chatarra, según la versión de Sthepanie Meyer, es decir ¡una mormona!, o ver a Megan Fox con un hilito de sangre en la comisura y un vestido de porrista. Y esto, de plano, arde. Arde menos por la mueca de vacío de la Fox, irritante como es, que por el hecho de verte sorprendido porque ni su minifalda ni su gesto de calentura, no digamos el hilito de sangre, son capaces de moverte las hormonas. Lo cual, evidentemente, significa que has envejecido casi tanto como el vampiro. •
Julio Patán
Escritor. Sus libros más recientes: Conspiraciones (Paidós) y Para entender: Martín Luis Guzmán(Nostra Ediciones).


Pd: Al mismo tiempo de la publicación de la entrada, quisiera saber su punto de vista de como se vera el blog, es que no me gusta del todo y veremos si esto les queda, agradeciendo de tomarse su tiempo para leer esto, agradecería mucho mas sus comentarios.

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