sábado, 9 de enero de 2010

Digamos


Digamos pues que ella me tiene bailando, tambien digamos que sutilmente me atormenta, tambien digamos que sabe perfectamente que me tiraria desde el monte mas alto de rulletburg si ella lo pide. Mas teniendo todo el control sobre mi, pareciese que a ella le encanta jugar conmigo, porque lo digo? Posiblemente sera por la forma en que me llama, pero deberia de estar acostumbrado debido a que yo soy su esclavo aunque en lo personal siento que es un  placer (en una lista de todos los placeres que llego a disfrutar, diria que este es el ultimo).


Mas, desearía en una forma lasciva, regresar a la época en la cual a nosotros: los esclavos no eran considerados siquiera hombres, y por ende a las doncellas no les importaba desnudarse ante nosotros...


En casi perfecto silencio, en el siglo XXI, hay por lo menos 27 millones de personas viviendo en situación de esclavitud en el planeta Tierra. Esta cifra cautelar es catalogada como insuficiente por muchos.


Muy lejos de quedarse en la historia, la esclavitud hoy en día se sigue practicando gracias a la extrema pobreza sufrida en países africanos aun tratando afanosamante por organizaciones como la ONU.


Anteriormente los esclavos mas codiciados eran los hombres adultos, en la actualidad son los niños los mas codiciados para trabajos comerciales y explotación sexual en África Occidental (conocida como la "costa de la esclavitud" por los europeos en el siglo XVII).


Hasta hace poco, el fenómeno era mayormente percibido como exclusivo de sociedades como las de Angola, Sudán, Somalia o Chad -donde incluso niñas de 10 años eran siervas y concubinas en bases militares rebeldes-. Pero ahora, incluso en las regiones relativamente pacíficas, el tráfico está creciendo. Si bien de forma oficial sus gobiernos se oponen al tráfico, los países en que se da en mayor empuje son Benín, Burkina Faso, Camerún, Côte d'Ivoire, Gabón, Nigeria y Togo.


En estas sociedades del oeste de África (por ejemplo en Benín, varones de mediana edad todavía proveen de dinero para matrículas de educación, libros o vestimenta a cambio de ayuda doméstica) las prácticas comunitarias parecen haber cedido lugar a otra no menos antigua, ya que hoy, como lo hicieran desde el siglo XV al XIX, los barcos de esclavos suelen anclar en Cotonou, Benín. Los africanos siguen cazando africanos para venderlos. En aquellos siglos los niños y mujeres no eran enviados en barcos transoceánicos sino que permanecían en el mercado "interno". Aunque en la actualidad existe una demanda global de materia prima producida por esclavos adultos, ellos no son objeto de una demanda evidente; los niños han ocupado su lugar en el mercado africano.


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