viernes, 18 de febrero de 2011

Un fragmento de la iniciación de un libro...

¡Hola!, hoy vengo a pedirles una opinión, estoy haciendo un libro...bueno ya he hecho algunos pero en lo personal me preguntaba si este estaría lo suficientemente bien desde el inicio, ¿y quien mejor para dedar una opinión que ustedes?, bueno, aquí les dejo lo que es mi primer capítulo, debido a que el prólogo está desaparecido, espero que les guste...

Capitulo  1
“El Hombre De Blanco”
a
“nunca, nunca hay que permitir que las apariencias nos manejen conforme a lo que solo es una ilusión porque si dejamos que nos manipulen puede que no lo sepamos y estemos nadando entre un millar de tiburones hambrientos”
-Anónimo-
a
Era 2 de Noviembre de 1998, el clima estaba templado, mi cumpleaños, siempre tan normal, aunque para los científicos la frase “una persona nunca cambia” los vuelva locos por el hecho de que la materia está en constante cambio, mi vida no era muy diferente a como era en la infancia, nadie me había logrado tocar y si lo hacía estaba muy lejos de evitar mi constante forma de ser, de hecho, habían existido varias personas, mujeres, la primera fue Sue una hermosa y amable niña, mi vecina, lamentablemente ella ya tenía alguien asignado para su vida, el varonil y musculoso Gregorio, nombre elegante para un chico tan horriblemente sutil e inesperadamente puerco… pero, ¿Qué podía hacerle?, a ella así le gustaba, mientras yo era un chico aplicado y pulcro él era un buscapleitos, la segunda mujer fue la amiga de mi madre, ella no me acepto, cuestiones de edad, cuando mi madre se entero me proporcionó una cachetada y e sacó de la casa hasta que dejara de ser un “pervertido” según por haberme enamorado de una chica más grande que yo; una vez que quedé casi emancipado de mi familia acudí a la universidad de Cambridge puesto que quería ir a Yale, Cambridge no era la mejor opción para ser transferido para allá, sin embargo, entregué mi ensayo a Yale, Cambridge y otra más que ya no me acuerdo, mi ensayo no era muy sobresaliente, en cuestión personal, pero en calificaciones era el más alto por lo que Yale y Cambridge se pelearon por mí, algo muy halagador debo admitir, cuando entré a Yale  conocí a mi maestra y tutora Rosa, de sangre mexicana y hermosa sonrisa, en sí una cara preciosa, tendía a invitarla a tomar un café, comer juntos el almuerzo y demás, lo que para los otros alumnos denotaba algo raro entre  nosotros dos o en mi, eran dos hipótesis: 1. Que fuera la pareja de la maestra, lo cual incluía de todo tipo de actividades, 2.Que yo fuera gay, lo suficiente para ser tan cercano a ella, ninguna de las dos eran ciertas, aunque se podría decir que la número uno era una verdad a medias, independientemente de las actividades que incluían, estaba enamorado de la que sería mi tercera mujer,  a ella nunca se lo comente, solo actué y eso me llevo a que dejara de ser mi tutora, ella también quería un hombre malo en su vida, en fin, en mi corta vida solo me había enamorado de tres mujeres, mismas tres que me habían rechazado, tenía 20 años ya, seguía siendo poco interesante, no sabía besar, no tenía ni la menor idea de que sería tener una novia o una chica enamorada de ti… o bueno, quizá sí pero me había dado cuenta muy tarde cuando “Peter Parker” se la llevó con él, es por eso que odio al hombre araña, soy un fracasado en mi vida personal, mis padres siguen esperando a una mujer que se me acerque que no sea una  prostituta, algo muy curioso ya que me habían contratado una para que viviera una eternidad conmigo , hay que apuntar que mis padres tenían el suficiente dinero para pagarle hasta su muerte aunque ella pudiese demandarme en un futuro divorcio, en el que seguro perdería muy seguramente, total mis papas eran muy poderosos en cuestión política; caminaba por un callejón vacío y obscuro, para probar suerte, esperaba que un hombre ebrio se me apareciera con una navaja o que un drogadicto estuviera por ahí tirado con su fiel compañera la pistola listo para dispararme, total, no importaría mucho si me moría en ese instante, a lo mucho 2 personas asistirían al funeral y 5 máximo si contamos al sacerdote y sus ayudantes,  sin embargo paso todo menos eso, mientras caminaba un gato negro se atravesó en mi camino, corriendo y maullando, asustado, haciendo que yo también me alarmara
- ¡carajo!, maldición, ¡¿qué sucede contigo?!, animal desgraciado- vaya susto que me había metido, sin embargo, eso no era lo que más me preocupaba, de hecho, era lo que lo había asustado a él, voltee dejando de pensar en mi solo unos instantes, pase de estar inmerso en mis pensamientos a la espeluznante realidad frente a mí, un hombre recargado sobre la pared manchada de sangre levanto su cabeza, su rostro casi no se distinguía parecía poder moverse como una sombra debido a que nunca lo percate cuando mire en ese lugar
-hola- dijo mientras sacaba de su bolsillo un encendedor y una cajetilla de cigarros, lo encendió y esbozo una sonrisa
-¿quién eres tú?-  el hombre mascullo algo, junto a él estaba una presencia muy tenebrosa, lo que el desataba con su simple mirada eclipsada por las sombras era misterio y dolor, casi, incluso, rayando en el placer, se percato de que lo estaba mirando fijamente, un hombre como ese no me asustaba, solo levantaba intriga, quizá buscaba también su fin en ese asqueroso callejón, recompuso su postura y limpio su traje, este era más pulcro que el mío lo que me llevo a preguntarme qué tan adinerado estaría, camino con sus elegantes zapatos de marca
-niño, no te ves para nada asustado- me sentí insultado, tenía 20 años, no me veía nada niño
-¿quién te crees tú para llamarme niño?- pregunte ingenuamente
-no me creo, yo soy un demonio de las sombras, mensajero de ellas, súbdito de Yuki, mi amo, mas bien, aquí la pregunta sería… ¿tu quien te crees que eres como para preguntar con ese tono de voz quien soy yo?- los ojos del hombre se alumbraron como dos lámparas de fuego incandescente
-yo soy el cerebrito de la universidad de Yale, famoso investigador amigo de un gran juez muy conocido, me llamo Ulises- dije con tono cínico mientras esperaba por el enfado de este hombre misterioso o siquiera una risa, después todo tendría un cauce, pero, en vez de ello, este metió ls mano en su bolsillo y se quejó
-¿te crees muy rudo verdad?... jefe, ¿Qué hago con este pobre diablo?- de entre la obscuridad de el callejón un hombre con apariencia frágil apareció, era el que tenía aquella aura tenebrosa y densa que llenaba el lugar, levanto su blanquecina mano y la reposó sobre el hombro de su acompañante
-dispárale con mi pistola- con sincera desesperación en los ojos el hombre del cigarrillo miro a su amo y dejó caer el vicio al suelo
-¿está hablando en serio?- por un momento pensé en que sería bueno, pero en cuanto vi el tamaño de la pistola mi mente sucumbió ante el terror, sin embargo mi cuerpo actuaba muy por separado de  mi cerebro, el “jefe” asintió con una sonrisa malévola en el rostro
-si tanto quiere morir…- dijo este en respuesta a él subordinado que estaba a su lado entregándole su arma, << ¡genial!, menuda manera de pasarla en mi cumpleaños, caminando en un callejón sucio, a punto de morir y con un chaval que se cree un demonio, manera más patética de morir no existe en este mundo>> pensé instantáneamente  mientras esperaba valiente al disparo que saldría de aquella escopeta, el tipo de piel blanquecina me miraba atentamente con sus ojos azulados mientras que el fumador buscaba los cartuchos de la escopeta con dificultad y un poco de incredulidad
-¿no vas a echar a correr pequeño amigo?- pregunto el hombre ojiazul tratando de hallar en mi una pizca de miedo
-no, diminuto amigo, no quiero huir, la muerte no me asusta en lo más mínimo, ya sé que se siente estar muerto, así que- el hombre le dio dos palmadas a su ayudante y este lo miro
-espera, tengo que reafirmar algo- dejó al otro hombre con la escopeta en las manos, lista para ser disparada, y se acercó a mí, como había mencionado antes, tenía un aspecto frágil, con su piel blanca como la nieve, pálido aún mas que sus huesos, casi era pura su piel, con cabello grisáceo plateado, un ojo rasgado, ojos azules, boca pequeña y discreta, unas cuantas marcas negras en su brazo derecho y mano izquierda, de una altura entre 1.60 y 1.68 centímetros, totalmente vestido de blanco, y tengo que confesar, no parecía para nada un ser obscuro, su rostro era casi infantil, sin embargo, una vez que se acercó y tocó mis mejillas con sus frías manos un millar de visiones llegaron a mi cabeza, algunas leves otras muy fuertes, golpearon mis neuronas sin misericordia mientras veía como ese rostro “angelical” cambiaba a uno demoniaco y siniestro, comencé a sudar frío y mis ojos se dilataron extremadamente y cada cosa que vi paso, fluyendo por mis pies hasta mi médula espinal, alojándose en mi hipófisis, de pronto todo para y me vi con el cráneo destrozado, un montón de ratas estaban alrededor mío comiéndose lo que en algún momento fueron mis sesos, lo que llegó a ser mi cerebro, el cual, no encontraba explicación lógica para lo que estaba viendo, el hombre pálido quitó sus manos de encima de mi
-¿aún sigues con la misma postura?, ¿sigues sin temerle a tu muerte?- preguntó instantáneamente después de unos segundos pude componerme y mirarlo a los ojos, ese aspecto solo era un disfraz
-sí- respondí en seco, sin mayor remordimiento,  moriría como pocos, sin besar a nadie, sin tener sexo con nadie, sin siquiera tener una novia, ¡por favor! ¿Qué iba a ser peor que eso?, el infantil personaje dio media vuelta y sonrió macabramente mientras el hombre obscuro levantaba la escopeta enojado
-eres un desgraciado afortunado amigo- dijo él mientras el otro hombre de blanco levantaba la mano
-nos veremos en el infierno… Damon- dijo el “jefe”
-¿Cómo es que sabe…?- se escuchó el estruendoso disparo rápido que sacudió mi cuerpo y mientras caía me preguntaba quién sería ese misterioso hombre blanco que me había mandado matar, pero, solo pude llegar a una cosa, sin duda, en la otra vida tendría que buscarlo y ver si era quien yo creía, de pronto, todo obscureció, pronto, muy pronto, me encontraría en el infierno…

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