lunes, 6 de septiembre de 2010

Bendita Ignorancia

Alguna vez, cuando iniciaba en el mundo del Internet, cierta persona me pidió que investigara de vampiros, yo realmente no sabia claramente como utilizar alguna computadora y mucho menos enviar información por un correo electrónico pero de una u otra manera logre hacer mi cometido.


En esa simple proeza, encontré el titulo de esta entrada (aunque, realmente ya no recordaba nada de esto si no fuese por cierta persona que no tiene mucho tiempo que conozco quien causo el flash, mas siento como si tal persona me conociera de toda la vida). En fin, recordé la siguiente historia que relatare a continuación la cual no mencionara a los verdaderos involucrados por ciertas cuestiones.


Miguel era otro chico completamente feliz en el pequeño pueblo de Santo Domingo en el estado de Oaxaca, muy lejos de la capital del país, y de casi todo lo demás. Dicho poblado apenas contaba con 80 habitantes o tal vez un poco menos; ademas las sierras que lo rodeaban hacia mas difícil el acceso a cualquiera que se atreviera a perderse por esos lugares.


Era tan inaccesible que los maestros que se enviaban a tal poblado a enseñar a los pequeños, nunca podían llegar realmente a dicho pueblo. Hasta cierto día que Mauro, un profesor rural que le encantaban los retos, decidió pedir el cambio hacia susodicho pueblo.


Tardo aproximadamente 3 dias para llegar y otros 2 para encontrar el pueblo de Santo Domingo y solo lo encontró por la ayuda de Miguel el cual estaba acostado bajo el verde pasto bajo un hermoso y frondoso pino, a él le encantaba observar el pacifico movimiento que hacían las nubes en todo el cielo azul.


Bueno, para ser mas exacto, no lo encontró, sino que tropezó con el ─Oh disculpa, nunca pensé encontrarme con alguien en algún lugar así─ comento con su tranquila y apacible voz─ ¿Dime conoces este pueblito, es que no logro ubicarlo─ y le enseño un pequeño trozo de papel ya algo arrugado, mas por obvias razones el chico solo veía manchas de tinta en vez de letras─ Lo siento señor, pero no se lo que me esta mostrando, es mas me han dicho que no hable con gente que no es de mi pueblo─Pero muchacho, yo no soy ningún desconocido, me llamo Mauro y soy maestro solo necesito que me ayudes a encontrar el pueblo de St. Domingo.  El chico accedió sin mucho resistencia y sirvió de diligente al maestro.


Al llegar, todos los habitantes, incluyendo perros, se acercaron hacia el personaje tan extraño que era Mauro, principalmente los 12 chiquillos que nunca habían visto a otra persona adulta ajena al poblado y principalmente su forma tan extraña de vestir con algo parecido a sus pantalones y faldas, pero de color negro (hasta hubo alguien que empezó a decir que se había caído y revolcado con la obscura tierra) y esa cosa que estaban enfrente de sus ojos que según el, lo ayudaba a ver mejor al mundo


 Todos, al parecer, estuvieron de acuerdo para darle al profesor un lugar donde dormir y comer a cambio el daría su mayor esfuerzo para que los niñitos y los adultos que lo desearan pudieran al menos aprender a leer y a escribir.


Así, pasaron los años, hasta que Miguel salio por primera vez de la sierra puesto que había acabado sus años de enseñanza con su gran amigo Mauro y ahora saldría a aplicar todo lo que pudo aprender y ver las maravillas que le hubo mostrado su apreciado profesor mas el tuvo que seguir puesto que sentía que todavía no pagaba todo lo que le habían dado estas amables personas


Pasaron 3 años mas y nuestro pequeño Miguel, se convirtió en todo un hombre mas la sonrisa que alguna vez tuvo en su rostro se fue desvaneciendo al paso que conoció todos los horrores de este mundo y al regresar al diminuto pueblo de St domingo lo primero que hizo fue a ver al su viejo maestro.


Miguel convenció a Mauro para que salieran a tomar un paseo, precisamente a donde se habían encontrado por vez primera. Después de recordar esos viejos pero tan vividos momentos, Miguel pronuncio algunas palabras al oído de Mauro antes de sacar de su bolsillo una fina pero letal navaja que le enterró en la espalda


El estudiante asesino a su propio maestro, todo para evitar que los demás habitantes del diminuto pueblo de St Domingo no perdieran ese brillo en los ojos, esa sonrisa tan verdadera, algo  que se suele llamar inocencia.


Por ultimo y no por ser menos importante, Miguel no pudo vivir con la culpa de asesinar a otro ser humano que, desde su punto de vista, hizo mas atrocidades que bienestar solo por querer dar un poco de educación a quienes lo merecian y con ese ultimo pensamiento cruzó por su cabeza antes de su haraquiri,  Da la casualidad que el supo tal palabra a su ya inexistente profesor.

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