jueves, 12 de enero de 2012

Hola!

http://www.youtube.com/watch?v=5fvwoHKj6cs&feature=youtu.be

Bueno,  um... lo sé, me he desaparecido XD pero verán, me quedé un poco atascada en ciertas situaciones y preferí terminar publicando en mi blog solamente, lo siento lectores y Vonhells, xD no he contriibuido nada estos últimos... meses¿? en fin, traigo un super mega poema :DD que me gustó mucho y si abren el link de arriba o le dan a play podrán enterarse de lo que próximamente va a suceder en internet al momento de aplicarse la ley S.O.P.A. que declara que todas las ideas originales serán protegidas con copyrigth peroo... si las usan ustedes se van a la carcel, en otras palabras, van a cencurar mucho del contenido en internet y para colmo van a mandarnos a la carcel por el uso de contenido con copyrigth :/ bueno, les dejo el poema, tengan un lindo día!



Al menos una vez más…

Era una noche recurrente
Una noche pasada de las 11,
Para mi, solo era un noche más,
La que venía a cubrirme con su manto sagrado,
La que venía a arrullarme con sus brazos
Y me acorralaba en la obscuridad,
Para ti era una noche que traía fantasías para soñar,
No puede evitar sentir ese peso en mi corazón,
Esa angustia de la soledad,
El lugar donde lloraba mi pesar,
La dama que cubría el luto de la verdad,
Y por consumirme a media mitad me dejé llevar.

Las estrellas se asemejaron a tu presencia,
Cautelosa en mi alma
Y se reflejó la luz que yo daba por vista como un destello de ineptitud
Aunque desde el otro lado del cristal,
Antes de morir,
Eso semejaba más bien un rayo de esperanza
En los ojos de la muerte,
Y la ganancia de vida ajena
En el lúgubre país de las maravillas
Donde Alicia se perdió alguna vez
Y me envolví en llamas
Antes de consumir mi amor en tus labios,
Por qué me duele no verte,
Y más me duele saber
Que después de la bala que ha cruzado mi corazón
No podré estar contigo nunca más.

Si el cielo me lo ha negado,
Entonces me arrepentiré y repetiré,
Recontaré y miraré en retroceso mis errores y mi banalidades
Y pagaré con creces cada espina clavada en tu pecho
Y lloraré con sangre la historia que escribí en mis alas,
Dame aliento y sigue para que pueda terminar mi penitencia
Que solo una vez más le pido a Dios
Que me permita respirar para poderte besar,
Para no cubrirlos de ese líquido cromático que se estancó en tu lengua,
Ese sabor tan peculiar y especial,
Sabor rojo, dulce amor,
Y le ruego a los dioses que me dejen tocarte de nuevo
Para que pueda volver a suspirar
Al sentirme llena de vida...

Y como siempre, a través del espejo,
Donde Alicia se adentró
Me miré y me confundí
Y comprendí que esta no era mi realidad,
Al final, siempre terminaremos eternamente separados,
En líneas paralelas cruzándonos en choques de luz,
Y en conjuntos de obscuridad como los demonios,
Como las aves al volar,
Como el Sol al desfallecer en el  oeste,
Como el golpe de una lámpara
Al encender violentamente en medio de un abismo obscuro.

Y solo quiero besarte,
Porque ya no siento culpa de tener en mente tu boca,
Reposando en mis labios, tranquila,
En las pequeñas aberturas
De tus labios rotos
Donde encontré el placer de buscar
Lo que nunca antes había experimentado,
No tengo miedo a perderte en la serenidad de mi mirar
Porque ya no siento ese dolor cuando digo que te amo.

Entonces, sujétame entre tus brazos
Para una vez más repasar contigo
Ese inmemorable momento de felicidad
Cuando bailaba al filo de la pasión a tu lado,
Y antes de cerrar mis ojos una vez más
Y en la inmortalidad
Dame un beso,
Uno que arregle nuestra simultaneidad
En esta noche del azar
Que decae con las lágrimas de melancolía que me mandan a dormir,
Y no me siento culpable ya, al final, solo vivía y viví por ti...
Bésame, lento, muy lento, una vez más...
 Y BÉSAME PARA ENCENDER LA LLAMA EN MI ÚLTIMA NOCHE DE AMOR....

 

sábado, 24 de diciembre de 2011

La vendedora de fósforos

Hans Christian Andersen
La vendedora de fósforos

¡Qué frío tan atroz! Caía la nieve, y la noche se venía encima. Era el día de Nochebuena. En medio del frío y de la oscuridad, una pobre niña pasó por la calle con la cabeza y los pies desnuditos.

Tenía, en verdad, zapatos cuando salió de su casa; pero no le habían servido mucho tiempo. Eran unas zapatillas enormes que su madre ya había usado: tan grandes, que la niña las perdió al apresurarse a atravesar la calle para que no la pisasen los carruajes que iban en direcciones opuestas.

La niña caminaba, pues, con los piececitos desnudos, que estaban rojos y azules del frío; llevaba en el delantal, que era muy viejo, algunas docenas de cajas de fósforos y tenía en la mano una de ellas como muestra. Era muy mal día: ningún comprador se había presentado, y, por consiguiente, la niña no había ganado ni un céntimo. Tenía mucha hambre, mucho frío y muy mísero aspecto. ¡Pobre niña! Los copos de nieve se posaban en sus largos cabellos rubios, que le caían en preciosos bucles sobre el cuello; pero no pensaba en sus cabellos. Veía bullir las luces a través de las ventanas; el olor de los asados se percibía por todas partes. Era el día de Nochebuena, y en esta festividad pensaba la infeliz niña.

Se sentó en una plazoleta, y se acurrucó en un rincón entre dos casas. El frío se apoderaba de ella y entumecía sus miembros; pero no se atrevía a presentarse en su casa; volvía con todos los fósforos y sin una sola moneda. Su madrastra la maltrataría, y, además, en su casa hacía también mucho frío. Vivían bajo el tejado y el viento soplaba allí con furia, aunque las mayores aberturas habían sido tapadas con paja y trapos viejos. Sus manecitas estaban casi yertas de frío. ¡Ah! ¡Cuánto placer le causaría calentarse con una cerillita! ¡Si se atreviera a sacar una sola de la caja, a frotarla en la pared y a calentarse los dedos! Sacó una. ¡Rich! ¡Cómo alumbraba y cómo ardía! Despedía una llama clara y caliente como la de una velita cuando la rodeó con su mano. ¡Qué luz tan hermosa! Creía la niña que estaba sentada en una gran chimenea de hierro, adornada con bolas y cubierta con una capa de latón reluciente. ¡Ardía el fuego allí de un modo tan hermoso! ¡Calentaba tan bien!

Pero todo acaba en el mundo. La niña extendió sus piececillos para calentarlos también; más la llama se apagó: ya no le quedaba a la niña en la mano más que un pedacito de cerilla. Frotó otra, que ardió y brilló como la primera; y allí donde la luz cayó sobre la pared, se hizo tan transparente como una gasa. La niña creyó ver una habitación en que la mesa estaba cubierta por un blanco mantel resplandeciente con finas porcelanas, y sobre el cual un pavo asado y relleno de trufas exhalaba un perfume delicioso. ¡Oh sorpresa! ¡Oh felicidad! De pronto tuvo la ilusión de que el ave saltaba de su plato sobre el pavimento con el tenedor y el cuchillo clavados en la pechuga, y rodaba hasta llegar a sus piececitos. Pero la segunda cerilla se apagó, y no vio ante sí más que la pared impenetrable y fría.

Encendió un nuevo fósforo. Creyó entonces verse sentada cerca de un magnífico nacimiento: era más rico y mayor que todos los que había visto en aquellos días en el escaparate de los más ricos comercios. Mil luces ardían en los arbolillos; los pastores y zagalas parecían moverse y sonreír a la niña. Esta, embelesada, levantó entonces las dos manos, y el fósforo se apagó. Todas las luces del nacimiento se elevaron, y comprendió entonces que no eran más que estrellas. Una de ellas pasó trazando una línea de fuego en el cielo.

-Esto quiere decir que alguien ha muerto- pensó la niña; porque su abuelita, que era la única que había sido buena para ella, pero que ya no existía, le había dicho muchas veces: "Cuando cae una estrella, es que un alma sube hasta el trono de Dios".

Todavía frotó la niña otro fósforo en la pared, y creyó ver una gran luz, en medio de la cual estaba su abuela en pie y con un aspecto sublime y radiante.

-¡Abuelita!- gritó la niña-. ¡Llévame contigo! ¡Cuando se apague el fósforo, sé muy bien que ya no te veré más! ¡Desaparecerás como la chimenea de hierro, como el ave asada y como el hermoso nacimiento!

Después se atrevió a frotar el resto de la caja, porque quería conservar la ilusión de que veía a su abuelita, y los fósforos esparcieron una claridad vivísima. Nunca la abuela le había parecido tan grande ni tan hermosa. Cogió a la niña bajo el brazo, y las dos se elevaron en medio de la luz hasta un sitio tan elevado, que allí no hacía frío, ni se sentía hambre, ni tristeza: hasta el trono de Dios.

Cuando llegó el nuevo día seguía sentada la niña entre las dos casas, con las mejillas rojas y la sonrisa en los labios. ¡Muerta, muerta de frío en la Nochebuena! El sol iluminó a aquel tierno ser sentado allí con las cajas de cerillas, de las cuales una había ardido por completo.

-¡Ha querido calentarse la pobrecita!- dijo alguien.

Pero nadie pudo saber las hermosas cosas que había visto, ni en medio de qué resplandor había entrado con su anciana abuela en el reino de los cielos.

viernes, 2 de diciembre de 2011

Táctica y estrategia

Mi táctica es mirarte 
aprender como sos 
quererte como sos 

mi táctica es 
hablarte 
y escucharte 
construir con palabras 
un puente indestructible 

mi táctica es 
quedarme en tu recuerdo 
no sé cómo ni sé 
con qué pretexto 
pero quedarme en vos 

mi táctica es 
ser franco 
y saber que sos franca 
y que no nos vendamos 
simulacros 
para que entre los dos 
no haya telón 
ni abismos 

mi estrategia es 
en cambio 
más profunda y más 
simple 

mi estrategia es 
que un día cualquiera 
no sé cómo ni sé 
con qué pretexto 
por fin me necesites.
Mario Benedetti

lunes, 28 de noviembre de 2011

Cuento


Cuanto se puede
quiero saber,
quien tiene menos para comer
y te combido
y pido que no tengas sed
la emoción me nace,
crece y te quiero ver...


puede que te quiera secuestrar
y después te vaya a torturar
no se....
pero solo quiero contemplar
cuantas de tus pecas
puedo yo entender
por que ya no puedo esperar
quiero que te vengas
a tomar un té...
y entre todo este bienestar
me acuerdo ya despegue los pies

me encimó, afinó, terminó y descubró que...
el cuento, que cuentó
no siento que quiera ser...
y el humo, consumo,
que imagine...
enciendo y entiendo
que no te conosco bien
puede que te quiera secuestrar
y después te vaya a torturar
no se....
pero solo quiero contemplar
cuantas de tus pecas
puedo yo entender
por que ya no puedo esperar,
quiero que te vengas
a tomar café...

y entre todo este bienestar
me acuerdo que ya despegue los pies

Ximena Sariñana

viernes, 11 de noviembre de 2011

Cuarta Canción para Marisa

La mujer que yo amo tiene la belleza exacta y el corazón en su sitio. 

Es implacable en su ternura, luminosa como una fe intacta, contundente en sus deseos de vivir hasta que la vida sea vida, y un poco más. La admiro por su condición de reina que abdica al trono de la existencia resuelta, a cambio de eso que llaman amor, y otros, el incierto camino al lado de un vagabundo de mi calaña. Es linda por derecho propio. No necesita adjetivos como excepcional o única: se los merece. Su sonrisa, cuando es para el mundo inabarcable, ilumina; cuando es para mí, desarma mis defensas y me coloca en un sitio privilegiado en el universo. Soy inmortal, entonces, y tocado por los dioses, afortunado como quien sobrevive al holocausto de la vida cotidiana y al tufo de muerte que nos persigue desde la cuna.

Es el júbilo y el duelo de la sangre enamorada. Una palabra suya, un latido, una mirada clara o incierta, y desata en mí el huracán de las alegrías inmensas o el malebolge de la perdición en mi soledad de hombre. Es mujer, al fin y al cabo, y sucede que la idolatro pero a veces en mi pequeñez de mortal azotado por una existencia jamás pedida, no la entiendo. Así, cuando desciende a su tiranía de milagro convertida en hembra, sus flechas duelen, se me figura fugitiva, sus muros son altos, contemplo mi suerte echada al capricho de aquello que sucede en la cocina de las féminas cuando las asalta la química, el qué dirán o el maleficio castigador del sólo mis chicharrones truenan. He sentido las ruinas en que puede convertirme, la esperanza convertida en guiñapo, la cercanía de lo terrible y sin rumbo. He vertido, por su amor, uno que otro llanto de niño, algunos aullidos de loco y alguna incoherencia más al epitafio de mi tumba vacía.

En momentos así he escrito versos que no muestro a las rosas para que no se marchiten.
La mujer que yo amo es real. La vida la alcanza a ratos y la hiere en su cielo de bondades y sonrisas. No hay justicia en el mundo: tanta bienhechora belleza, tanto brillo destacado de su alma, y no faltan los dardos emponzoñados en forma de cuervos, nanas y cebollas, alardes de derrotados, el colosal tráfico de la estupidez humana. Yo mismo, en mi caos y en mi soberbia, he dejado marcas y ecos de patán y temible filibustero. Soy hombre, al fin y al cabo, y hago guerras y cometo errores. Me enojo, gesticulo, arremeto contra lo que no entiendo, camino por la cuerda floja del sendero oscuro y sin regreso. La he visto llorar, por mí, por un cachorro herido, por los pobres más pobres, y por la vida que es vida y porque es vida duele.

En momentos así ella triunfa, y, como es mejor que yo, junta sus propias rosas con mis versos y les habla de amor, para que florezcan.

Es la mujer de mi vida, la mujer en mi vida. Existe en la tierra como el sabor de la fruta que me gusta, como el inmenso mar de mis aventuras de joven, como una alegría inesperada, como una caricia de madre. Es el arma con que me bato a duelo con los diversos adjetivos de lo aburrido y lo cotidiano.

Quiero permanecer con ella siempre, hasta el fin de los suspiros, hasta el último de los misterios.

Mauricio Carrera

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Pensamientos frente a un restaurante

Intento y es difícil escribir en una de las ultimas hojas de este cuaderno mientras viajo entre calles inmersas de un ruido infernal a bordo de uno de tantos autobuses de color similar al gris cielo.

Posiblemente el único objetivo que debe de cumplir esta tinta esparcida sobre el papel sea el expresar mis burdos pensamientos los cuales entorpecen mi intento de vida.

Soy malo para creer en algo que no existe, - tal vez por eso no estoy dentro de una de tantas creencias-, sera por ello las especulaciones de estas tentativas al deambular sin ninguna meta en particular.

Incluyendo a esos objetos de mi mente sin definir las ideas que se encimaron  al pasar a lado de un restaurante.

Ver frente a mi, este nítido cristal el cual es una simple abertura de lo que pude llegar a tener si las circunstancias hubieran sido diferentes.

Si, posiblemente todo me sabría diferente, aquí en parís y no tendría que estar a la deriva paseándome entre los muertos, los difuntos que ya  no viven, al menos no en este mundo.

A veces, cuando voy a la mitad de la botella del corriente licor que logro conseguir, estar en medio del cementerio no trae ningún temor , ni un recuerdo, ni un delirio fuera de lugar. Aparenta el mundo y mi razón conspirar en contra mía para rememorar las faltas cometidas en el pasado.

Amor - si es que alguna vez exististe - recuerda que todo mi corazón iba a ser para ti....



No lo encuentras?, deberías de buscar por aquí