domingo, 21 de agosto de 2011

¿De donde sacamos el tiempo para desperdiciarlo?


Ginebra, Televisión y Excedente Social


Hace poco recordaba algo que leí en la universidad, el siglo pasado, donde un historiador británico argumentaba que la tecnología clave al principio de la revolución industrial, fue la ginebra.


La transformación de la vida rural a la urbana fue tan repentina, tan brutal, que lo único que la sociedad pudo hacer fue emborracharse por completo durante toda una generación. Los cuentos de la época son asombrosos: carritos que vendían ginebra recorrían las calles de Londres.


Cuando la sociedad logró despertar de esa juerga colectiva, empezaron a darse las estructuras institucionales que hoy asociamos con la revolución industrial. Cosas como bibliotecas públicas y museos, educación infantil generalizada, elección democrática de líderes – muchas cosas benéficas – no ocurrieron hasta que empezamos a caer en cuenta que tener toda esa gente en un mismo lugar era más una ventaja que una crisis.


Cuando la gente empezó a pensar que esto era un enorme superávit, un excedente que podía ser aprovechado en lugar de disipado, empezamos a obtener lo que consideramos una sociedad industrial.
Si me pidieran que escogiera una tecnología clave para el siglo 20, ese lubricante social sin el cual todo se hubiera desbaratado, diría que es el sitcom, la comedia ligera de televisión. Desde el final de la segunda guerra mundial, sucedieron muchas cosas: un PIB creciente, una educación más al alcance de todos, expectativas de vida mayores, y un mayor número de gente trabajando cinco días a la semana. Por primera vez, la sociedad obligó a un gran número de sus ciudadanos a administrar algo que nunca antes habían tenido: tiempo libre.


¿Y qué hicimos con ese tiempo libre? Pues, la mayoría lo gastamos viendo televisión.


Lo hicimos varias décadas. Vimos el Show de Lucy, vimos la Isla de Gilligan, vemos Malcolm, vemos Desperate Housewives. Desperate Housewives funciona esencialmente como un disipador de conocimiento; si no existiera, todo ese pensamiento podría hacer que la sociedad se recalentara.


Y apenas ahora, que estamos despertando de esa juerga colectiva, empezamos a caer en cuenta que este excedente de pensamiento es una ventaja, y no una crisis. Vemos que hay cosas ya diseñadas para aprovechar el superávit, para utilizarlo en maneras más atractivas que tener un televisor en cada cuarto.


Hace unos dos meses estaba siendo entrevistado por un productor de un programa de TV, quien me preguntó “¿Qué has visto que sea interesante?”
Empecé a contarle del artículo en la Wikipedia sobre Plutón. Hace un par de años eliminaron a Plutón del status de planeta, y de repente hubo una intensa actividad en Wikipedia. Las páginas de conversación se llenaron, la gente empezó a editar el artículo, y la comunidad empezó a discutir: ¿Cómo redactamos el cambio de status de Plutón? Y poco a poco el artículo fue cambiando, entre las discusiones, de “Plutón es el noveno planeta” a “es un objeto de forma extraña en una órbita extraña en las afueras del sistema solar”.


Después que le cuento esto, me quedo pensando: “OK, ahora la discusión será sobre autoridad, o construcción social, o algo por el estilo”, pero la pregunta que me hizo fue completamente distinta. Ella escuchó el cuento, y sacudió la cabeza y dijo: “¿De dónde sacan el tiempo?”, esa fue la pregunta. E inmediatamente yo reaccioné: “Nadie que trabaje en televisión tiene derecho a hacer esa pregunta; ustedes saben de dónde sale el tiempo; sale del excedente cognitivo que han estado enmascarando desde hace cincuenta años”.


¿Qué tan grande es ese excedente? Pensemos en Wikipedia como si fuera una unidad, toda la Wikipedia, el proyecto completo –todas las páginas, todas las conversaciones, cada línea de código, en todos los idiomas en que la Wikipedia está disponible– eso representa algo como 100 millones de horas de pensamiento humano. Este cálculo lo hicimos con Martin Wattenberg de IBM, está hecho en el aire, pero el orden de magnitud es correcto, del orden de 100 millones de horas de pensamiento.


¿Ver televisión? 200,000 millones de horas, tan solo en los EE.UU., por año. En otras palabras, utilizando la unidad que nos inventamos, estamos hablando de 2000 wikipedias al año viendo televisión. O puesto de otra manera: cien millones de horas es lo que gastamos viendo las propagandas de un fin de semana. Es un excedente considerable. Cuando la gente pregunta “¿De dónde sacan el tiempo?” cuando ven algo como el proyecto Wikipedia, no entienden lo diminuto que ese proyecto es, extraído como una gran ventaja hacia lo que Tim [O'Reilly] llama una arquitectura de participación.


Lo interesante de un superávit como éste, es que al principio la sociedad no sabe qué hacer con él – de ahí la ginebra, de ahí el sitcom – Obviamente si supiéramos qué hacer con él dentro de las instituciones sociales existentes, no sería realmente un superávit. 


Precisamente cuando nadie tiene idea cómo aprovechar esta ventaja, la gente empieza a experimentar, para integrar ese excedente, y en el camino, transformar la sociedad.
Creo que estamos en la primera fase en el aprovechamiento de este excedente, y todos son “casos especiales”.


 Las teorías de participación son más como la física del clima que como la física de la gravedad: Sabemos qué fuerzas intervienen, y qué cosas funcionan – una comunidad interesante por acá, un modelo de compartir por allá, gente colaborando en software de código abierto – pero a pesar de conocer las entradas, la complejidad nos impide predecir el resultado.


Uno explora un ecosistema complejo ensayando muchas y muchas cosas, y esperando que cuando algo falle, al menos falle informativamente, de manera que encontremos las calaveras cuando pasemos por ahí. Esa es la fase en la que estamos.


 De hecho, una de las cosas que dice Furtado es: “Quizás esta información exista en alguna parte, pero para mí es más fácil empezar de ceros, que intentar obtenerla de las autoridades que podrían o no tenerla en este momento”.


Para darles un pequeño ejemplo, que me gusta mucho. Hace unas semanas uno de mis estudiantes en ITP me envió un proyecto que empezó el profesor Vasco Furtado, en la ciudad de Fortaleza, Brasil. Es un mapa wiki de crimen en Brasil: si hay un atraco, un robo, una violación, un asesinato, uno puede colocar un marcador en un mapa Google y describirlo y se empieza a ver la ubicación de estos delitos.
Esta información ya existe, en forma tácita. Cualquier persona en una ciudad sabe qué calles son peligrosas, a qué sectores no debe ir de noche. Pero es una de las cosas que la sociedad sabe sin saberlo, no hay un recurso público para enterarse de esta información. Si la policía tiene estos datos, con seguridad no los están compartiendo.

Puede que el experimento fracase. Sería normal en el área del software social, pero los experimentos que funcionan son bastante sorprendentes, y obviamente espero que éste sea uno de esos. Sin embargo, en cualquier caso, sirve ya para demostrar el punto: alguien trabajando solo, con herramientas muy baratas, tiene al menos la esperanza de extraer lo suficiente de ese excedente de conocimiento, de ese deseo de participación, de esa buena voluntad de los ciudadanos, para crear un recurso que no hubiéramos podido imaginar que existiera hace cinco años.


Esa es la respuesta a la pregunta “¿De dónde sacan el tiempo?”, o al menos esa es la respuesta numérica. Pero detrás de la pregunta había otro pensamiento, no tanto una pregunta sino una observación. En la misma conversación con el productor de TV, le estaba contando de los clanes en World of Warcraft, y mientras yo hablaba, casi podía ver lo que ella estaba pensando: “Perdedores. Hombres adultos sentados frente a un computador jugando a ser duendes”.


Al menos hacen algo.
¿Sí han visto ese capítulo en la Isla de Gilligan cuando casi salen de la isla y entonces Gilligan la embarra y entonces ya no pueden? Yo me vi ese; yo me vi ese muchas veces cuando estaba niño. Y cada media hora que lo veía era media hora que no estaba publicando en mi blog, o editando la wikipedia, o contribuyendo a una lista de correo. Mi excusa para no hacerlo era perfecta: ninguna de esas cosas existían en ese entonces. Consumía esos medios porque era la única opción. No importa qué tan absurdo sea estar sentado frente al computador jugando a ser un duende, les puedo decir por experiencia propia, que es peor estar sentado frente al televisor intentando decidir si Ginger es más bonita que Mary Ann.


Puedo incluso proponerlo como un principio general: es mejor hacer algo que no hacer nada. Hasta los lolcats, esas fotos cursi de gaticos con títulos que las hacen aún más cursi, esconden la invitación a participar. Una de las cosas que un lolcat le está diciendo a quien lo vea es: “Si usted tiene un tipo de letra parecido, y un editor gráfico, también puede jugar este juego”. Ese mensaje –yo puedo hacer esto– es un gran cambio.


Esto es algo que las empresas de medios masivos no entienden. En el siglo 20 la única alternativa era el consumo. ¿Cuánto podemos producir? ¿Cuánto pueden consumir? ¿Si producimos más, ustedes consumen más? Y la respuesta a esa pregunta casi siempre era Sí. Pero además de consumir, a la gente también le gusta producir, y le gusta compartir.


Y esto deja atónitos a quienes están comprometidos con la estructura anterior de la sociedad, antes de extraer este superávit y hacer con él cosas interesantes. Cuando a la gente se le da la oportunidad de producir y compartir, lo van a hacer. Esto no significa que nunca estaremos sentados viendo Scrubs sin hacer nada. Significa que lo haremos menos.


Algo importante de este excedente es el tamaño de lo que estamos hablando. Es tan enorme que incluso un cambio muy pequeño podía tener grandes consecuencias. Digamos por ejemplo que todo permanece igual en un 99%, supongamos que la gente sigue viendo televisión el 99% del tiempo que lo hacen ahora, pero ese 1% lo extraen a producir y compartir. Quienes estamos conectados a internet vemos aproximadamente un billón de horas de televisión al año (10¹²). Esto es más o menos cinco veces más grande que el consumo total anual de los EE.UU. 1% de eso sería equivalente a participar en diez mil proyectos wikipedia al año.


Yo creo que va a ser importante.


La productora de TV no estaba muy convencida. Su pregunta final fue, básicamente: “¿No será todo esto una moda pasajera?” Es divertido producir y compartir un poco, pero eventualmente la gente va a decir: “era mejor lo que estaba haciendo antes”, y se calmará. Mi posición fue vehemente: este cambio es grande, y es una transformación en la misma escala que la revolución industrial. No es el tipo de cosas que una sociedad se sacude y se olvida. Es algo en lo cual una sociedad cambia.


Seguramente no me creyó, en parte porque no quería hacerlo, pero también porque yo no tenía la anécdota apropiada. Y ya la tengo.
Estaba en una cena con un grupo de amigos hace como un mes, y uno de ellos contaba haber estado viendo un DVD con su hija de cuatro años. En la mitad de la película, la niña salta del sofá y empieza a buscar atrás del televisor, entre los cables; el papá le pregunta “¿Qué haces?” y ella le contesta “Buscando el mouse”.
Quienes están metidos de lleno en el ambiente actual, quienes no tienen que intentar desaprender una niñez de episodios repetidos de Gilligan, simplemente asumen que el consumo de medios incluye producir y compartir.Esto es lo que esta niña de cuatro años entiende: una pantalla que no tiene mouse, tiene un defecto. Esto es lo que los niños de cuatro años saben: los medios diseñados para uno, pero que no lo incluyen a uno, quizás no vale la pena sentarse a verlos. Esas son las cosas que me hacen pensar que este cambio no tiene marcha atrás. 

También se ha convertido en mi eslogan: cuando la gente me pregunte qué estamos haciendo (y en ese “nosotros” incluyo la sociedad entera intentando aprovechar este superávit de conocimiento, intentando descubrir la próxima gran idea), de ahora en adelante les responderé: “Estamos buscando el mouse”. Estamos viendo todos los sitios en los que un escucha o un lector o un usuario haya sido dejado por fuera, le haya sido entregada una experiencia pasiva y estática y enlatada, y nos vamos a preguntar: “¿Si utilizamos aquí un poco de ese excedente cognitivo, podría pasar algo interesante?” Y apuesto que la respuesta es Sí.
Muchas gracias.











Artículo original: herecomeseverybody.org
Traducción: tibungo.net
Diseño: Jorge Pinto

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